Carlos Barceló

Comentarios a la obra V

La abstracción informalista de Carlos Barceló

Enrique Castaños

Colaboración SUR 11/03/2017

La pintura de Carlos Barceló Sierra (Málaga, 1943), desde principios o mediados de los ochenta, es de raíz claramente subjetivista. Esto no significa que no haya realizado con anterioridad una obra figurativa más en consonancia con las formas de la naturaleza, bien se tratase del paisaje o del rostro humano, pero desde que era un pintor consciente de su trabajo y no un mero aficionado, Carlos Barceló llevaba escondido o en estado latente esa tendencia hacia lo informe, de un lado, y hacia la abstracción, de otro. Ningún pintor, en su más temprana juventud, comienza siendo abstracto, o informalista o expresionista. Lo que se produce es un proceso paulatino, una progresiva decantación. Esto es, al fin y al cabo, lo que le ocurrió a Barceló hace ya más de treinta años. El mejor modo para comprobarlo son sus personalísimos rostros de personas de inequívoco lenguaje neo expresionista, semblantes de enajenados llenos de fuerza expresiva, construidos con pinceladas vibrantes y enérgicas, en los que el color, un color que nunca llega a ser estridente ni efectista, posee un protagonismo casi absoluto. Estas caras, que unas veces muestran tristeza y otras sufrimiento o locura, suelen estar de frente o extrañamente ladeadas, en ocasiones predominando la redondez y en otras la forma ligeramente ovalada. Pero lo que siempre se admira en ellas es la notable armonía cromática, la unidad to- . nal que las envuelve. Porque, en el fondo, más que un empeño por investigar la forma, que por supuesto no ha descuidado nunca, lo que de verdad distingue a Carlos Barceló desde los inicios de su carrera ha sido su exploración de las posibilidades del color, pero entendiéndolo cada vez más como un vehículo a través del cual poder expresar.sentimientos íntimos, escondidos, como si dijéramos, en su yo interior.

Esta inclinación progresiva hacia el mundo personal interno es lo que le ha conducido a la abstracción, que, en su caso, no podía ser geométrica, sino informalista, por ese acentuado subjetivismo que decíamos al principio. Resulta curioso, sin embargo, que nunca haya dejado Barceló de pintar esas caras expresionistas, ni siquiera cuando su inmersión en el universo abstracto ha sido y es más decidida. Esta constante es, sin duda, uno de los rasgos que lo definen como pintor.
La amplia exposición que se exhibe de su obra en el Ateneo de Málaga durante el mes de marzo de 2017, comprende un periodo de tiempo relativamente amplio, desde 1997 hasta 2015. Entre todos los cuadros expuestos, hay dos, de muy apreciable factura, que podrian ser señalados como hitos de esa evolución y de esa investigación de la que hemos hablado. Uno es 'Contaminación', de 2002, y el otro 'Mi número', de 2014. Tanto uno como otro son abstracciones en el pleno sentido de la palabra, aunque siempre habrá espectadores que vean referencias naturales, sobre todo en el primero de ellos, cuya amplia zona superior, en la que predominan unos delicadísimos tonos grises, podria emparentarse con un cielo tormentoso o enturbiado por la polución. La zona inferior, con una gruesa banda azul oscuro y otra más estrecha encima de negro, sirven de acertado soporte a la poética masa grisácea que domina casi toda la composición, abriéndose en un exquisito celaje, aunque, al mismo tiempo, presionada en una esquina por una extensa mancha negruzca que parece como empujarla. Las referencias a José Guerrero son, pues, evidentes en este cuadro, aunque el informalismo se halla un tanto atenuado.

La otra pieza es una excelente pintura sobre lona en la que sí hay dos referencias figurativas, el número 65 en medio justo de la composición y una huella de una mano izquierda a la misma altura que los dos dígitos. Pero ambos signos están tap. bien integrados que no distraen en absoluto de lo que aquí preocupaba al autor, la investigación estrictamente cromática. Es más, el cuadro semeja ser una superficie en donde se han restregado los pinceles para limpiarlos, pero de inmediato se aprecia la maravillosa exquisitez con que han sido combinadas las pinceladas y manchas de turquesa, ocre, siena, gris, tierra, rojo, negro y blanco. Es una sinfonía cromática peñectamente armónica, donde todos los elementos, aunque parezcan ser consecuencia del azar, están estrictamente controlados y calculados por el pintor. La textura de la loneta, además, otorga una textUra de fond,o especialmente favorable al conjunto. En definitiva, dos composiciones en las que Carlos Barceló ha rozado eso tan dificil de alcanzar como es la plenitud pictórica.